Un fuerte sismo volvió a sacudir este lunes la capital venezolana y el litoral central, generando momentos de tensión en Caracas y La Guaira, donde muchos ciudadanos salieron apresuradamente a las calles al sentir el movimiento telúrico alrededor de las 07H00 locales (11H00 GMT). El evento ocurre apenas días después de una serie de terremotos que ya habían dejado una profunda huella en la población, lo que refleja —según comentan residentes consultados— un estado de alerta permanente y nerviosismo colectivo ante cualquier vibración del suelo.
En medio de la rutina interrumpida, el comentario general en la calle fue el mismo: “no queremos vivir otro episodio como el anterior”, una frase que resume el impacto psicológico que ha dejado la reciente actividad sísmica en la zona costera.
Magnitud del evento y reportes del USGS y FUNVISIS
De acuerdo con el USGS, el movimiento telúrico alcanzó una magnitud de 4,6, con epicentro ubicado a unos 27 kilómetros al norte de Caraballeda, un sector turístico de La Guaira muy frecuentado por caraqueños. Sin embargo, la FUNVISIS ofreció una estimación ligeramente distinta, situando la magnitud en 4,2, con una profundidad de apenas 2,9 kilómetros y un epicentro a unos 10 kilómetros al este del litoral.
Estas diferencias técnicas, habituales en eventos sísmicos de esta naturaleza, no disminuyen la preocupación ciudadana. Más bien, alimentan la percepción de que la región sigue bajo una alta actividad sísmica, especialmente tras los eventos del 24 de junio que marcaron un antes y un después en la memoria reciente del país.
Rescate en marcha y creciente preocupación por los desaparecidos
Mientras tanto, los equipos de rescatistas nacionales e internacionales continúan trabajando contrarreloj entre los escombros, en una carrera contra el tiempo que ya supera las 72 horas críticas para la supervivencia de posibles víctimas atrapadas.
Las autoridades han sido cautelosas al no ofrecer cifras oficiales de desaparecidos, aunque reportes de organismos internacionales como la ONU mencionan estimaciones que rondan los 50.000 desaparecidos, una cifra que, de confirmarse, colocaría esta emergencia entre las más graves de la región en los últimos años.
En el terreno, la sensación predominante es de agotamiento y esperanza contenida: cada nuevo movimiento del suelo reaviva el miedo, pero también la determinación de seguir buscando vida entre los restos de lo que antes fueron hogares y comunidades enteras.
Por: Noticonexion/efe/afp