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Bosques de araucarias en peligro: Patagonia emprende una carrera por restaurarlos

Ciencia, comunidades mapuches, organismos públicos y cientos de voluntarios unen esfuerzos en la Patagonia argentina para recuperar uno de los ecosistemas más emblemáticos de la región: los bosques de araucarias, devastados por incendios forestales que transformaron miles de hectáreas en zonas de cenizas y desolación.

Los grandes incendios ocurridos entre finales de 2013 y comienzos de 2014 destruyeron más de 3.400 hectáreas de bosques en las cuencas de los lagos Ñorquinco y Ruca Choroi, en la provincia de Neuquén.

Años después, ese mismo territorio se convirtió en el escenario del Proyecto Pewen, una iniciativa de restauración ecológica que busca devolverle vida al bosque y demostrar que la recuperación de la naturaleza es posible cuando se unen conocimiento científico, tradición ancestral y compromiso comunitario.

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Los bosques de araucarias de Neuquén son el escenario de una de las iniciativas de restauración ecológica más ambiciosas de la Patagonia

El Proyecto Pewen, cuyo nombre proviene del término mapuzungun utilizado para referirse a la araucaria, nació con el objetivo de recuperar esta especie considerada un símbolo natural de la Patagonia y declarada en peligro de extinción.

La iniciativa comenzó en 2021 y se apoya en más de dos décadas de investigaciones realizadas en el Parque Nacional Lanín sobre la dinámica de estos bosques y el impacto del fuego.

El ecólogo Javier Sanguinetti, coordinador del proyecto, explica que la restauración no consiste simplemente en plantar nuevos árboles, sino en construir un modelo donde participen científicos, comunidades mapuches, instituciones públicas y organizaciones sociales.

Antes de iniciar cualquier intervención, los especialistas estudian las condiciones del terreno afectado y esperan que ciertos procesos naturales comiencen a recuperarse. La restauración requiere paciencia, porque un bosque no vuelve a existir de un día para otro.

Las estrategias incluyen la plantación de ejemplares jóvenes de araucaria, la siembra directa de piñones —sus semillas— y el uso de conocimientos ancestrales de las comunidades mapuches, que durante generaciones han trabajado con esta especie y conocen sus ciclos naturales.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es que la recuperación del bosque no se realiza únicamente para las comunidades locales, sino junto a ellas.

El conocimiento tradicional sobre la recolección y manejo de los piñones de araucaria se integra ahora con las técnicas científicas para aumentar las posibilidades de regeneración del ecosistema.

Para proteger las nuevas plantas, también se instalan cerramientos que evitan el ingreso del ganado y permiten que los ejemplares jóvenes puedan crecer durante sus primeros años sin amenazas externas.

Además, el proyecto impulsó la creación de Equipos Protectores del Pewen, conformados por habitantes de las comunidades capacitados en prevención de incendios, restauración ecológica y control de especies invasoras.

Estas brigadas trabajan junto a guardaparques y especialistas para cuidar el bosque y reducir los riesgos de nuevos daños.

Otro componente clave son los viveros comunitarios, donde se producen plantas nativas, se conservan semillas y se perfeccionan técnicas de germinación para mejorar la supervivencia de los nuevos árboles cuando regresan al entorno natural.

Una restauración que tardará décadas, pero ya muestra resultados

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Un voluntario planta un ejemplar de araucaria en una zona afectada por los incendios, en el marco del Proyecto Pewen, en la provincia argentina de Neuquén.

Cada temporada, cientos de voluntarios participan en jornadas de plantación organizadas para devolverle vida a las zonas afectadas por el fuego. Para muchos participantes, la experiencia representa una conexión directa con la naturaleza y una forma de asumir responsabilidad por la conservación del territorio.

Según los responsables del proyecto, los resultados alcanzados hasta ahora son significativos: se han plantado cerca de 55.000 araucarias y otras especies nativas, restaurado activamente 56 hectáreas de bosque y consolidado una red de viveros comunitarios con capacidad para producir alrededor de 20.000 plantas al año.

Más allá de las cifras, los especialistas consideran que el mayor logro ha sido crear una estrategia de conservación a largo plazo basada en la cooperación entre diferentes sectores.

Sin embargo, advierten que recuperar un bosque de araucarias no es una tarea que pueda medirse en pocos años. La naturaleza necesita tiempo y el verdadero objetivo es que las futuras generaciones puedan volver a caminar bajo un bosque completamente restaurado.

La historia de la Patagonia y sus pewenes demuestra que, aunque el fuego puede destruir en horas lo que tardó siglos en crecer, la unión entre ciencia, cultura y comunidad puede abrir el camino para que la vida vuelva a echar raíces.

Por: Noticonexion/efe/afp

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