La visita de Putin envía un fuerte mensaje a Japón
La primera visita del presidente ruso, Vladimir Putin, a una de las disputadas islas Kuriles provocó una rápida y airada reacción de Japón, que reclama esos territorios desde hace décadas y los denomina Territorios del Norte.
Putin recorrió la isla de Iturup, conocida como Etorofu en Japón, donde visitó una escuela, un hospital y varias instalaciones industriales. La visita ocurrió apenas dos días antes del aniversario de la rendición japonesa que puso fin a la Segunda Guerra Mundial.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, calificó la presencia de Putin en las islas como “absolutamente inaceptable” y reiteró que Tokio considera esos territorios parte inherente de Japón.
Moscú respondió reafirmando que las islas constituyen una parte integral de Rusia.
Para los analistas, el viaje no debe interpretarse únicamente como una visita institucional. También representa una señal política en un momento de creciente tensión entre Moscú y Tokio. Como ha ocurrido en otros episodios de la relación bilateral, las Kuriles vuelven a convertirse en el escenario donde Rusia y Japón exhiben sus profundas diferencias.
Una disputa territorial que permanece abierta desde 1945
Las islas Kuriles fueron ocupadas por tropas soviéticas en agosto de 1945, después de la rendición oficial de Japón. Miles de habitantes japoneses fueron posteriormente obligados a abandonar el territorio.
Desde entonces, los sucesivos gobiernos japoneses han sostenido que las islas fueron anexadas ilegalmente, mientras Rusia mantiene que forman parte de su territorio.
La disputa ha tenido consecuencias profundas para las relaciones bilaterales. De hecho, Rusia y Japón todavía no han firmado un tratado de paz formal que cierre definitivamente las hostilidades derivadas de la Segunda Guerra Mundial.
Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, Japón volvió a explorar posibilidades de negociación y llegó a considerar ofrecer asistencia económica y proyectos de desarrollo conjunto como parte de una eventual solución.
El ex primer ministro japonés Shinzo Abe fue uno de los dirigentes que más esfuerzos realizó para intentar avanzar en las negociaciones con Putin. Sin embargo, los encuentros y gestiones diplomáticas no consiguieron resolver el conflicto territorial.
La situación empeoró considerablemente después de la invasión rusa a gran escala de Ucrania en 2022, cuando Tokio se alineó con sus aliados occidentales y aplicó sanciones contra Moscú.
Putin pone a prueba la posición de Japón

La visita de Putin también llega en un contexto marcado por el acercamiento de Japón a Estados Unidos y a los países europeos de la OTAN, así como por la creciente cooperación estratégica de Rusia con China y Corea del Norte.
El profesor James Brown, especialista en relaciones internacionales, consideró que la visita constituye un mensaje directo a Japón, especialmente por el respaldo de Tokio a Ucrania y sus vínculos más estrechos con Europa.
Otros analistas consideran que la acción también puede tener un componente interno, al reforzar el sentimiento patriótico ruso alrededor de un territorio que Moscú considera parte de su soberanía.
Para Japón, sin embargo, las opciones de respuesta son limitadas. Tokio ya presentó una protesta diplomática y convocó al embajador ruso, pero la posibilidad de imponer nuevas sanciones enfrenta obstáculos, especialmente debido a la importancia que todavía tienen determinados recursos energéticos rusos para la economía japonesa.
Además, la legislación rusa dificulta aún más cualquier eventual devolución. En 2020, Rusia modificó su Constitución para prohibir la cesión de territorios rusos a otros países.
Todo esto hace que la disputa por las Kuriles permanezca prácticamente congelada. La visita de Putin no parece abrir una puerta a la negociación; por el contrario, refuerza la posición de Moscú y recuerda a Japón que el conflicto territorial continúa siendo uno de los principales puntos de fricción entre ambos países.
Por: Noticonexion/efe/afp