La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó este jueves 3 de septiembre de 2026 que el fenómeno de El Niño continuará fortaleciéndose durante los próximos meses hasta alcanzar una intensidad considerada muy fuerte y que sus efectos podrían prolongarse, al menos, hasta febrero de 2027.
La advertencia coloca nuevamente al clima mundial bajo una creciente presión, debido a que El Niño tiene capacidad para alterar los patrones habituales de lluvias y temperaturas en diferentes regiones del planeta.
“El episodio de El Niño se ha consolidado y en los próximos meses se intensificará hasta convertirse en un evento de intensidad muy fuerte”, señaló la OMM, al citar las coincidencias existentes entre los pronósticos de expertos y los principales organismos científicos que monitorean el fenómeno.
El Niño suele presentarse cada dos a siete años y está relacionado con un calentamiento anormal de las aguas del Pacífico tropical, un fenómeno capaz de modificar las condiciones atmosféricas mucho más allá de esa región.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que los cambios en las temperaturas y los patrones de lluvia incrementarán los riesgos de inundaciones, sequías y calor extremo.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, también expresó preocupación por la evolución del fenómeno y advirtió que el planeta está entrando en un escenario climático cada vez más difícil de predecir.
El Niño alcanzará su mayor intensidad a finales de 2026

La fuerza que adquirirá El Niño estará relacionada, en parte, con las temperaturas excepcionalmente altas del Pacífico tropical, región que baña las costas de países latinoamericanos como Ecuador, Colombia y Perú.
Los pronósticos apuntan a que el fenómeno podría alcanzar su apogeo a finales de este año, aunque sus efectos continuarían sintiéndose durante buena parte de 2027.
La evolución del fenómeno genera preocupación en distintas partes del mundo debido a sus efectos sobre la agricultura, los recursos hídricos y la seguridad alimentaria.
En Centroamérica, la alteración de los patrones de lluvia ya ha provocado condiciones de sequía y escasez de agua que afectan los cultivos de maíz y a miles de familias campesinas.
En India, las lluvias del monzón estuvieron por debajo de lo normal durante agosto y se espera que las condiciones continúen durante septiembre, lo que podría generar nuevas dificultades para la producción agrícola.
El Niño también puede provocar efectos extremos en determinadas zonas de África, el sudeste asiático y Australia, donde algunos episodios del fenómeno han estado asociados con lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos de tierra.
El problema, por tanto, no se limita a un fenómeno meteorológico aislado. Cuando las condiciones climáticas alteran simultáneamente la producción de alimentos y la disponibilidad de agua en distintas regiones, sus consecuencias pueden terminar trasladándose a los mercados internacionales y al bolsillo de los consumidores.
Sequías, inundaciones y alimentos: la otra cara de la crisis climática

Uno de los mayores riesgos asociados con un El Niño fuerte es la reducción de la producción agrícola en zonas vulnerables.
Cuando las cosechas disminuyen, las comunidades rurales pueden perder parte de sus ingresos y enfrentar mayores dificultades para acceder a los alimentos. Al mismo tiempo, una menor oferta puede provocar un aumento de los precios de los productos agrícolas en otros mercados.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, sostuvo que este episodio exige “medidas de preparación y respuesta excepcionales” y destacó la movilización de los servicios meteorológicos e hidrológicos de distintos países.
La organización internacional señaló que corresponde ahora a los gobiernos y responsables de tomar decisiones utilizar la información científica disponible para preparar respuestas ante los posibles impactos.
Esta advertencia adquiere especial importancia porque El Niño llega en un momento en que el mundo enfrenta simultáneamente otros factores de presión. A los efectos climáticos se suman las consecuencias económicas y geopolíticas derivadas del conflicto entre Irán y Estados Unidos y la situación en el estrecho de Ormuz, una ruta fundamental para el comercio mundial de petróleo.
La combinación de fenómenos climáticos extremos, problemas agrícolas, tensiones geopolíticas y posibles alteraciones en los precios de la energía puede convertirse en un escenario particularmente complejo para la economía internacional.
Por eso, el llamado de los científicos no debería interpretarse únicamente como una advertencia meteorológica. Prepararse para El Niño significa también anticipar sus posibles consecuencias sobre el agua, los alimentos, la energía, la salud pública y las economías familiares.
Temperaturas del océano alcanzan niveles que preocupan a los científicos

Uno de los elementos que mayor preocupación genera entre los científicos es el extraordinario aumento de las temperaturas del océano, tanto en la superficie como en las capas situadas por debajo.
En la superficie del Pacífico tropical se han registrado temperaturas muy superiores a los valores normales, con incrementos de hasta 2,6 grados Celsius adicionales y una tendencia que ha continuado aumentando durante las últimas semanas.
Pero el comportamiento debajo de la superficie resulta todavía más llamativo. Según los datos citados por la OMM, el calor acumulado bajo el océano ha alcanzado niveles excepcionales, con algunas zonas donde las temperaturas han superado la media en más de 8 grados Celsius.
Estos registros ayudan a explicar por qué los expertos esperan que El Niño continúe intensificándose durante los próximos meses.
La combinación de un océano extraordinariamente cálido y cambios en los patrones atmosféricos puede generar impactos climáticos importantes en regiones ubicadas a miles de kilómetros del Pacífico.
El mensaje de la comunidad científica es cada vez más claro: El Niño no puede ser tratado como un fenómeno aislado ni exclusivamente regional. Sus efectos pueden recorrer las cadenas de suministro, afectar la producción agrícola, presionar los precios y aumentar la exposición de millones de personas a fenómenos meteorológicos extremos.
Con un episodio que podría alcanzar su máxima intensidad a finales de 2026 y prolongar sus efectos hasta 2027, la capacidad de los gobiernos para anticiparse será determinante. La ciencia ya está proporcionando las señales de alerta; ahora el desafío será convertir esa información en medidas concretas de prevención y protección para las poblaciones más vulnerables.
Por: Noticonexion/efe/afp