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Noel Pacheco: del lavado de vehículos al oro centroamericano en una historia de lucha y sacrificio

Las manos del boxeador Noel Pacheco, que hoy sostienen orgullosamente la medalla de oro centroamericana en los 80 kilogramos, no siempre estuvieron protegidas por guantes de boxeo.

Un par de años antes de que los jueces levantaran su brazo ante los aplausos de un público eufórico en el pabellón de combate, esas mismas manos se movían entre cubetas, agua, jabón y cepillos, trabajando como lavador de vehículos para ganarse el sustento diario.

Durante ese mismo período también trabajó como empacador en uno de los supermercados La Sirena, labores que desempeñó durante aproximadamente dos años.

Pacheco dividía sus días entre el intenso calor de los parqueos, lavando vehículos bajo el sol, y los pasillos del supermercado, donde empaquetaba las compras de los clientes.

No eran trabajos elegidos por comodidad. Eran trabajos necesarios.

Cada peso que conseguía tenía un destino definido: llevar comida a su hogar y ayudar a cubrir los gastos médicos de su madre, Irene Pacheco, quien padece diabetes y problemas de tiroides.

A sus 24 años, el hoy campeón también tiene bajo su responsabilidad a sus dos hijas mellizas, a quienes debe ayudar a mantener.

Detrás de la medalla que hoy luce con orgullo existe, por tanto, una historia que va mucho más allá del deporte. El oro representa el resultado visible de una batalla que comenzó mucho antes de subir al cuadrilátero.

Oriundo del empobrecido sector de Maquiteria, Noel Pacheco encontró desde temprana edad en el gimnasio de boxeo de la comunidad un refugio para practicar deporte y alejarse de las dificultades que rodeaban su entorno.

Con el paso de los años, el boxeo dejó de ser simplemente una actividad deportiva y comenzó a convertirse en una posibilidad para cambiar su vida y la de su familia.

“Soy el principal sostén de mi casa. Mi madre desde joven se fajó bien fuerte para levantar la familia y formarnos. En la actualidad enfrenta enfermedades y soy quien debe salir hacia adelante para mantener el hogar”, expresa el boxeador.

Pacheco todavía celebra su victoria sobre Diego Pereyra, de Venezuela, triunfo que lo convirtió en uno de los dominicanos que han conquistado la medalla de oro en el boxeo de los Juegos Centroamericanos.

Sin embargo, mientras el público observa la presea que ahora cuelga de su cuello, el atleta sabe que su combate más difícil no se libra sobre un cuadrilátero.

Su verdadera pelea ha sido contra las carencias económicas, las responsabilidades familiares y las dificultades para mantenerse dentro del deporte.

Hace apenas unos años, las circunstancias lo obligaron a apartarse temporalmente del boxeo para dedicarse a trabajar como lavador de vehículos y empacador.

“Lamentablemente tenía que hacerlo, pues había carencia de recursos y se tenía que guayar fuerte la yuca para poder conseguirlo”, recuerda con tristeza.

Incluso, aquella decisión terminó provocando que recibiera la baja como militar de la Fuerza Aérea Dominicana, alejándolo todavía más de la posibilidad de desarrollar su carrera deportiva.

La historia de Pacheco refleja una realidad que muchas veces queda oculta detrás de las medallas: para algunos atletas dominicanos, competir al más alto nivel también significa resolver diariamente cómo alimentar a su familia.

El regreso al boxeo llegó de manera inesperada.

Un coronel amigo, conocedor de su talento y de sus condiciones técnicas, le recomendó volver al deporte y le prometió ayudarlo a reincorporarse a la estructura militar.

Aquel consejo terminó cambiando nuevamente el rumbo de su vida.

Pacheco escuchó la recomendación, regresó al ensogado y poco a poco recuperó el nivel que había mostrado antes de abandonar los entrenamientos.

Desde entonces comenzaron a llegar las victorias.

El atleta volvió a ponerse los guantes y a construir nuevamente una carrera que terminó alcanzando uno de sus momentos más importantes con la conquista de la medalla de oro centroamericana.

“Las personas nos observan sonrientes, con preseas al cuello, pero la vida no ha sido nada fácil para mí. He tenido que enfrentar esas fuertes peleas con ella”, sostiene.

Sus palabras resumen el contraste entre la imagen de un campeón celebrando y la realidad de un joven que tuvo que abandonar temporalmente su pasión para poder trabajar y sostener a los suyos.

Pacheco demuestra así que el éxito deportivo no siempre sigue una línea recta. Hay carreras que avanzan entre victorias y derrotas, pero también entre trabajos informales, problemas familiares y momentos en los que continuar parece casi imposible.

Su regreso demuestra, además, la importancia que puede tener una oportunidad en el momento adecuado. Un consejo, una segunda oportunidad y el respaldo necesario fueron suficientes para que el boxeador volviera a creer en su potencial.

Después de conquistar el oro, Pacheco tiene aspiraciones que van mucho más allá de los 300 mil pesos que pudiera recibir como recompensa.

Su principal sueño no es comprar un vehículo de lujo ni disfrutar de grandes comodidades. Quiere algo mucho más sencillo y, para él, mucho más valioso: una vivienda propia para su madre.

“Se hubieran podido quedar con el monto obtenido y prefería que me regalen una vivienda para mi madre, que es una mujer enferma”, sostiene el campeón.

Su madre tuvo que abandonar el trabajo debido a sus condiciones de salud y ahora es Noel quien debe asumir buena parte de la responsabilidad económica del hogar.

“Hace un buen tiempo que tuvo que abandonar el trabajo, a mí me corresponde llevar el sustento al hogar”, agrega.

Por eso, la medalla de oro tiene para él un significado que trasciende lo deportivo. Es un reconocimiento a años de sacrificio y, al mismo tiempo, una herramienta que espera utilizar para mejorar las condiciones de su familia.

Pacheco también recuerda las dificultades que enfrentaron para prepararse para los Juegos. Desde las instalaciones del pabellón de boxeo observaban la construcción de una moderna estructura de combate, mientras ellos tenían que buscar alternativas para poder entrenar.

“Nosotros tuvimos que hacer de tripas corazón para poder prepararnos para estos juegos. No teníamos casa para entrenar”, relata.

Y precisamente ahí está una de las grandes lecciones de su historia. El campeón no nació entre comodidades ni llegó al oro por un camino fácil. Tuvo que alternar el deporte con trabajos pesados, cargar con responsabilidades familiares y hasta alejarse temporalmente del boxeo.

Ahora, con la medalla dorada sobre el pecho, Noel Pacheco puede mirar hacia atrás y comprobar que aquellos días entre cubetas, jabón, vehículos y supermercados no fueron el final de su historia.

Fueron parte del camino.

Su próxima pelea ya no será solamente por una medalla. Será por conseguir una casa para su madre, estabilidad para sus hijas y una vida digna para su familia.

Y quizá esa sea la victoria más importante que todavía le queda por conquistar.

Por: Noticonexion

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