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La energía entra en cuenta regresiva: el nuevo desafío que enfrenta República Dominicana

La República Dominicana está entrando en una etapa en la que la energía puede convertirse en una restricción al crecimiento, no necesariamente porque falte generación, sino porque incorporar nueva capacidad requiere ahora más tiempo, más capital y mayor certeza.

Esa fue una de las señales que dejó el Foro Forbes de Economía y Negocios, donde quedó expuesto un giro relevante en la inversión energética que el país no debería pasar por alto.

Y aquí aparece una idea que resume buena parte del desafío: el nuevo costo de la electricidad no está solo en los kilovatios, también está en el tiempo.

US$2,750 por kilovatio es un costo. Pero seis o siete años para poner esa capacidad en operación constituyen un costo adicional. Y cuando una inversión tiene un horizonte de 20 o 25 años, la previsibilidad deja de ser un atributo deseable y pasa a formar parte del precio de la energía.

El cambio es importante porque construir nueva generación ya no consiste solamente en conseguir capital y ejecutar una obra. Exige también anticiparse a un entorno internacional más caro, incierto y tecnológicamente cambiante. En otras palabras, el desafío energético dominicano comienza mucho antes de encender una nueva planta.

Uno de los mensajes que emergió del foro es que la energía se ha convertido en una inversión más lenta y costosa. Y el desafío no termina cuando una planta entra en operación.

Si un repuesto crítico puede tardar tres o cuatro años en llegar, o si una unidad puede permanecer hasta 52 semanas fuera de servicio a la espera de un componente, la seguridad energética pasa a depender también de la capacidad para anticipar inventarios, mantenimiento y posibles disrupciones en las cadenas de suministro.

Este punto merece especial atención. Una matriz eléctrica puede disponer de suficiente capacidad instalada sobre el papel y, sin embargo, enfrentar vulnerabilidades si una parte importante de esa capacidad no está disponible cuando se necesita. Por eso, la seguridad energética empieza a incorporar una dimensión logística que durante mucho tiempo recibió menos atención.

El comentario inevitable es que la planificación energética ya no puede limitarse a calcular cuántos megavatios hacen falta. También debe responder cuánto tiempo toma construirlos, qué tan confiable será esa capacidad y qué tan expuesta está a interrupciones externas.

El segundo mensaje está relacionado con la previsibilidad regulatoria, que adquiere una importancia comparable a la del financiamiento.

Una inversión eléctrica no se decide mirando solamente el precio de hoy. Se decide pensando en los próximos 20 o 25 años, porque ese es el horizonte durante el cual deberá recuperarse el capital y generar los retornos esperados.

Por eso, cualquier modificación de las reglas regulatorias, contractuales o del mercado introduce una prima de incertidumbre que puede terminar postergando decisiones de inversión.

En un sector que demanda grandes desembolsos iniciales y largos períodos de recuperación, la certeza sobre las reglas no es un elemento secundario. Forma parte de la ecuación económica.

Para la República Dominicana, esto significa que atraer capital para nueva generación no depende únicamente de ofrecer oportunidades de negocio. También requiere construir condiciones que permitan a los inversionistas estimar con mayor claridad cómo funcionará el mercado durante las próximas décadas.

La discusión, por tanto, no debería centrarse únicamente en cuánto cuesta producir un kilovatio-hora, sino también en cuánto cuesta la incertidumbre que rodea una inversión de largo plazo.

El tercer mensaje es probablemente el que conecta todos los anteriores: el país necesita dejar de administrar el déficit de generación y comenzar a diseñar desde ahora el sistema que necesitará mañana.

Eso supone pasar de la reacción a la planificación anticipada. La infraestructura energética —generación, transmisión y distribución— debe adelantarse al crecimiento económico, porque una central puede tardar seis o siete años en convertirse en capacidad efectiva.

Del foro también emergió una conclusión ineludible: el debate sobre la energía ya no debería reducirse a cuántos megavatios adicionales necesita la República Dominicana, sino a qué combinación de tecnologías, capacidad de respaldo, almacenamiento y redes requiere para sostener el crecimiento futuro.

Esa mirada cambia la naturaleza de la conversación. El objetivo no es simplemente agregar generación, sino construir un sistema capaz de responder a una economía que seguirá demandando más electricidad y que, al mismo tiempo, estará expuesta a mayores exigencias tecnológicas, logísticas y financieras.

La cuestión energética, en consecuencia, debe abordarse como una decisión de infraestructura de largo plazo. Generación, transmisión, distribución, almacenamiento, respaldo y regulación forman parte de una misma ecuación.

Porque si el crecimiento económico avanza más rápido que la infraestructura que debe sostenerlo, el problema energético dejará de ser una discusión sobre capacidad instalada y se convertirá en una limitación concreta para la expansión del país.

Y esa es, quizás, la señal más importante que dejó el foro: el tiempo también es parte del costo de la energía. Quien planifique con años de anticipación tendrá más margen para responder; quien espere a que aparezca el déficit tendrá que pagar, probablemente, por la urgencia.

Por: Noticonexion

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Noticonexion es diario digital destacado de la República Dominicana, enfocado en noticias de actualidad y periodismo innovador

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