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El coco abre una nueva oportunidad de crecimiento para la economía dominicana

A pesar de que República Dominicana es productor de coco, desde 2021 hasta julio de este año las importaciones del producto han superado las exportaciones, impulsadas principalmente por la creciente demanda internacional. Sin embargo, esta situación también representa una oportunidad para que el país amplíe su producción y fortalezca su participación en un mercado con un importante potencial de crecimiento.

En apenas cinco años y medio, República Dominicana ha destinado US$83,689,202 a la importación de coco para procesarlo y posteriormente reexportarlo, mientras que las exportaciones durante ese mismo período alcanzaron los US$34,183,101.

Los datos fueron ofrecidos por el presidente de la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), Osmar Benítez, durante la primera Cumbre del Coco, DominiCoco.

Benítez explicó que la demanda mundial de coco crece a un ritmo superior al 10 % anual, mientras que la oferta apenas representa alrededor del 2 %. Esta diferencia, a su juicio, coloca a República Dominicana ante una oportunidad concreta para aumentar su participación en un mercado que demanda cada vez más materia prima y productos procesados.

“¿Qué nos dice eso a nosotros? ¿Qué aquí hay espacio para nosotros ser parte de esos que deben acompañar al mercado?”, planteó.

El escenario evidencia que el reto no consiste únicamente en producir más, sino en aprovechar el crecimiento de la demanda internacional para desarrollar una cadena productiva capaz de generar mayores ingresos, empleos y oportunidades para los productores dominicanos.

Benítez precisó que el país puede ganar mayor participación en el mercado internacional del coco mediante el aumento de la producción, la incorporación de tecnología y el desarrollo de una industria capaz de generar mayor valor agregado.

Actualmente se estima que la superficie dedicada al cultivo de coco en República Dominicana ronda las 880,000 tareas. No obstante, se necesita incorporar unas 500,000 tareas adicionales para acercar la oferta nacional a la demanda y mejorar la competitividad del sector.

El planteamiento refleja una realidad que el sector agropecuario dominicano enfrenta en otros cultivos: disponer de tierra y demanda no es suficiente si no se cuenta con productividad, financiamiento, tecnología y capacidad de procesamiento.

Por su parte, el ministro de Agricultura, Oliverio Espaillat, sostuvo que hablar del coco significa hablar de industria, tecnología, genética, productividad, exportación, sostenibilidad e inversión.

El funcionario indicó que el cultivo del coco presenta enormes posibilidades para desarrollar una cadena productiva que desempeñe un papel cada vez más importante en la transformación y diversificación del campo dominicano.

Espaillat destacó que la transición es fundamental, porque el desafío del país no consiste solamente en producir una mayor cantidad de cocos, sino en lograr que cada tarea produzca más, que los productores tengan mejores oportunidades y que una proporción cada vez mayor de lo producido sea transformada y genere valor dentro de República Dominicana.

Esta transformación podría ser determinante para que el país deje de depender de importaciones para abastecer su industria y, al mismo tiempo, pueda convertirse en un proveedor más competitivo para los mercados internacionales.

Aunque las oportunidades son importantes, el sector todavía enfrenta obstáculos que limitan su capacidad de expansión. Entre ellos figuran el acceso al financiamiento, la asistencia técnica, los seguros agrícolas y los contratos de comercialización.

De acuerdo con los datos presentados durante la cumbre, apenas el 49 % de los productores de coco recibe asistencia técnica, mientras que solo un 16 % tiene acceso al crédito agropecuario.

La situación es aún más limitada en materia de protección y comercialización: únicamente un 6 % dispone de seguro y apenas un 4 % cuenta con algún contrato formal para comercializar su producción.

A esto se suma un desafío generacional. El 71 % de los productores tiene 50 años o más, una realidad que obliga a pensar en mecanismos que incentiven la incorporación de jóvenes a la producción de coco y garanticen la continuidad de la actividad.

El panorama plantea una oportunidad que República Dominicana no debería desaprovechar. Si el país logra combinar mayor productividad, financiamiento, tecnología, renovación generacional y procesamiento industrial, el coco podría pasar de ser un producto agrícola tradicional a convertirse en una fuente importante de valor agregado y exportaciones.

La creciente demanda mundial ofrece el mercado; ahora el desafío está en desarrollar la capacidad productiva necesaria para aprovecharlo.

Por: Noticonexion

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