La inauguración de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo estuvo precedida por una campaña de difamación tan intensa como injusta, impulsada tanto por ignorantes como, de manera más grave, por algunos profesionales de la ingeniería, cuya postura resulta imperdonable al provenir de personas con formación y criterio técnico. El debate público, lejos de nutrirse de datos, se contaminó de maldad, especulación y desinformación.

La desinformación como arma recurrente
Que un ignaro opine en redes sociales sobre lo que no conoce puede llegar a entenderse; no en vano, siempre se ha dicho que la ignorancia es atrevida. Sin embargo, cuando la crítica infundada se reviste de autoridad técnica, el daño es mayor. Esta campaña recuerda a la que se lanzó contra la primera línea del sistema, cuando se llegó a insinuar que la estructura colapsaría por la supuesta ausencia de estudios de suelo.
La historia fue clara: el Metro no colapsó. Por el contrario, se consolidó como una obra de gran envergadura, posicionando al país entre las naciones de su categoría que cuentan con un sistema de transporte masivo moderno. Los millones de pasajeros movilizados desde entonces justifican con creces la inversión realizada.
Una solución real para miles de ciudadanos

Lo mismo ocurrirá con la ampliación puesta en servicio por el presidente Luis Abinader. Su utilidad se evidenciará cuando miles de personas eviten el infierno cotidiano que supone desplazarse por la Autopista Duarte, no solo en horas pico, sino prácticamente a cualquier hora del día.
Es cierto que esta nueva línea no eliminará por completo el congestionamiento vial, ya que muchos seguirán utilizando vehículos privados. Pero para trabajadores y estudiantes de los sectores impactados, el Metro representa desde ahora un medio rápido, decente, barato y seguro para llegar a su destino a tiempo, con dignidad y previsibilidad.
Seguridad comprobada y responsabilidad ciudadana
Conviene recalcar el tema de la seguridad, eje central de los ataques más recientes. Los supuestos vicios de construcción denunciados no existen más que en la imaginación perversa de quienes los propagan. El Metro es seguro, como lo demuestran las líneas ya en operación, donde no se ha registrado ningún percance de importancia hasta la fecha.
Por todo ello, este sistema de movilidad debe ser defendido por todos los ciudadanos —ciudadanos, no simples habitantes— que aspiramos a un desarrollo sostenido del país y entendemos que el progreso no se limita a pensar solo en arroz y habichuelas, sino en infraestructura, planificación y visión de futuro.
Por: Nelson Encarnacion