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La solidaridad forma parte de la identidad dominicana. En el país existe una expresión popular que resume ese espíritu de generosidad: “Ese se quita el pan de la boca para dárselo al otro”. Sin embargo, aunque compartir con quienes más lo necesitan es un valor importante, la lucha contra la pobreza requiere también oportunidades, empleos dignos y políticas públicas capaces de transformar las condiciones de vida de las familias.
A esa solidaridad apeló la vicepresidenta de la República, Raquel Peña, durante su intervención en la conferencia “Hacia la erradicación de la pobreza en República Dominicana: avances y desafíos”, donde afirmó que en los hogares dominicanos siempre hay espacio para ayudar a quien lo necesita, aun cuando los recursos sean limitados.
En el marco del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, Peña recordó que la pobreza no es una cifra fría, sino una realidad humana que afecta a miles de familias. Su planteamiento invita a mirar más allá de las estadísticas y a preguntarse qué tan sostenibles son los avances alcanzados y qué hace falta para que más personas puedan vivir con dignidad.
La reducción de la pobreza y los desafíos pendientes

De acuerdo con los datos presentados durante la actividad, la pobreza monetaria general en República Dominicana pasó del 30.7 % en 2021 al 17.3 % en 2025, después del incremento registrado durante la pandemia de COVID-19, cuando alcanzó el 30.4 % en 2020.
Las cifras preliminares de 2026 también reflejaron una disminución. Según los datos difundidos en el encuentro, la tasa de pobreza monetaria se situó en un 15.4 % durante el primer trimestre y en un 13.75 % en el segundo, para un promedio de 14.58 % en el primer semestre del año.
Estas cifras muestran una evolución favorable del indicador, aunque el descenso de la pobreza no significa necesariamente que todas las familias hayan superado sus dificultades económicas. El costo de los alimentos, la vivienda, el transporte y otros gastos esenciales continúa siendo determinante para la calidad de vida de los hogares.
Durante su intervención, Raquel Peña también destacó las metas del Plan Meta RD 2036, que contempla reducir la pobreza multidimensional rural al 15 % para 2028 y a menos del 10 % para 2036. Este indicador, a diferencia de la pobreza monetaria, considera distintas dimensiones de las condiciones de vida, por lo que ambos permiten observar aspectos diferentes de la realidad social.
La vicepresidenta señaló, además, que el país redujo la prevalencia de la subalimentación a menos del 2.5 % y salió del mapa del hambre de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). También indicó que el gasto en protección social superó el 8 % del producto interno bruto (PIB).
En otros indicadores presentados durante la actividad, se destacó que la pobreza urbana descendió del 25 % en 2019 al 15 % en el primer semestre de 2026, mientras que la pobreza extrema pasó del 8.7 % en 2015 al 2.2 % en 2026.
Por su parte, Mayra Jiménez, directora general de Supérate, calificó de histórica la reducción de la pobreza y expresó la aspiración de que República Dominicana llegue a convertirse en un país que haya logrado erradicar la pobreza extrema.
No obstante, alcanzar esa meta exige mantener los avances y garantizar que el crecimiento económico se traduzca en mejores condiciones de vida. Reducir la pobreza de manera duradera implica que las familias puedan cubrir sus necesidades básicas sin depender exclusivamente de ayudas temporales.
Educación, protección social y empleos dignos para combatir la pobreza
Al analizar las medidas necesarias para sostener la reducción de la pobreza, el economista y director del periódico HOY, Rolando Guzmán, identificó tres áreas fundamentales: la educación y la formación para el trabajo, una protección social que fortalezca las capacidades de las personas y la generación de empleos que permitan obtener ingresos suficientes.
Guzmán explicó que la educación no debe limitarse a la formación académica tradicional, sino que también debe incluir el desarrollo de habilidades y una conexión más estrecha entre la capacitación y las necesidades del mercado laboral.
Esta perspectiva pone de relieve un desafío importante para República Dominicana: crear oportunidades para que las personas puedan mejorar sus ingresos y construir un futuro económico más estable. La formación técnica, el acceso a empleos formales y el desarrollo de competencias profesionales pueden contribuir a que más ciudadanos encuentren alternativas para salir de la pobreza.
En materia de protección social, el economista señaló la importancia de que las políticas públicas no se limiten a ofrecer asistencia económica, sino que ayuden a desarrollar las capacidades de las personas y a mejorar sus medios de vida.
La asistencia resulta necesaria para los hogares que atraviesan situaciones de vulnerabilidad, pero su impacto puede ser mayor cuando se complementa con oportunidades de capacitación, acceso a servicios esenciales y mecanismos que faciliten la incorporación al mercado laboral.
En esa misma línea, Mercedes Canaan, presidenta ejecutiva de Banco ADOPEM, destacó la importancia de fortalecer a las personas que logran salir de la pobreza, con el propósito de reducir el riesgo de que vuelvan a esa condición.
Este planteamiento recuerda que superar la pobreza no consiste únicamente en mejorar los ingresos durante un período determinado. También supone desarrollar condiciones que permitan a las familias enfrentar emergencias, conservar sus fuentes de ingresos y planificar su futuro con mayor seguridad.
Por ello, el desafío no termina cuando una persona supera el umbral de pobreza. La estabilidad del empleo, el acceso a oportunidades económicas y la capacidad de responder ante situaciones inesperadas son factores que pueden determinar si esa mejoría se mantiene a largo plazo.
Las historias humanas detrás de las cifras de pobreza

El encuentro también incluyó testimonios de familias vinculadas a los programas de protección social, cuyos integrantes compartieron sus experiencias y los cambios experimentados en sus condiciones de vida.
Estas historias permitieron acercar las estadísticas a la realidad cotidiana de quienes enfrentan dificultades para cubrir sus necesidades. Detrás de cada porcentaje hay hogares que buscan garantizar la alimentación de sus hijos, mantener una vivienda, acceder a la educación y encontrar oportunidades para mejorar su situación económica.
Precisamente, ese componente humano constituye uno de los aspectos centrales de la lucha contra la pobreza. Las cifras permiten medir los avances, identificar las necesidades y evaluar los resultados de las políticas públicas, pero los testimonios ayudan a comprender cómo esos cambios se reflejan en la vida de las personas.
La solidaridad que caracteriza a los dominicanos puede contribuir a enfrentar las dificultades de las comunidades, pero la erradicación de la pobreza requiere un esfuerzo sostenido que involucre al Estado, al sector privado y a la sociedad en su conjunto.
República Dominicana ha registrado una reducción importante de la pobreza monetaria en los últimos años, según los datos presentados durante la conferencia. El siguiente paso consiste en consolidar esos resultados mediante políticas que favorezcan la educación, el empleo digno, la protección social y el acceso a oportunidades económicas.
Porque compartir lo poco que se tiene es una muestra de humanidad, pero construir una sociedad en la que menos familias tengan que vivir con carencias debe ser una responsabilidad colectiva. El verdadero desafío es lograr que la solidaridad siga siendo un valor dominicano, sin que la necesidad de depender de ella sea una condición permanente para quienes más lo necesitan.
Por: Noticonexion