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El acuerdo entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y Rusia para facilitar el suministro de diésel no garantiza una reducción de los precios de los combustibles, pese a las expectativas anunciadas por el mandatario estadounidense. Expertos consultados por DW consideran que los problemas de producción, los conflictos armados y las dificultades para transportar el combustible seguirán presionando el mercado energético internacional.
Aunque Estados Unidos se ha consolidado como el principal exportador mundial de diésel, los consumidores estadounidenses también enfrentan el encarecimiento del combustible y del costo de vida. La situación refleja una contradicción del mercado energético: un país puede beneficiarse de sus exportaciones y, al mismo tiempo, sufrir el impacto de los precios internacionales sobre su economía interna.
Según Samina Sultan, experta en comercio exterior del Instituto Económico Alemán (IW), uno de los principales factores detrás del aumento de los precios es la guerra en Irán, junto con las interrupciones del tráfico marítimo en los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb. Estas circunstancias reducen la disponibilidad de combustibles refinados y encarecen su transporte, al hacerlo más difícil, lento y arriesgado.
La especialista también considera que el acuerdo energético entre Washington y Moscú añade una dimensión geopolítica a una crisis en la que los conflictos de Ucrania y Oriente Medio están cada vez más relacionados.
En este contexto, la disponibilidad de petróleo crudo no garantiza un suministro suficiente de diésel. Para obtener el combustible se necesita capacidad de refinación, instalaciones operativas y una red de transporte que permita llevarlo a los mercados consumidores.
La guerra y las interrupciones en el transporte mantienen elevados los precios
Los problemas de abastecimiento no se explican únicamente por la cantidad de petróleo disponible, sino también por la capacidad de transformarlo en productos refinados y distribuirlos internacionalmente.
Según datos de la empresa de análisis marítimo Kpler citados en el informe de DW, unos 13,5 millones de barriles de crudo vuelven a transitar diariamente por el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el volumen de productos refinados, como el diésel, ronda los 677,000 barriles diarios, frente a los 3.6 millones registrados antes de la guerra.
La diferencia evidencia que la recuperación del tránsito de petróleo crudo no implica una normalización equivalente del suministro de combustibles terminados. Las interrupciones en las refinerías de la región del Golfo y los elevados costos de transporte continúan limitando la oferta.
Carsten Fritsch, analista de materias primas de Commerzbank, también atribuye el encarecimiento del combustible a los conflictos armados. A su juicio, mientras no mejoren las condiciones en Ucrania y Oriente Medio, será difícil resolver los obstáculos que afectan al mercado.
El 9 de octubre, Trump anunció que suspendería temporalmente determinadas sanciones contra Rusia para facilitar la importación de diésel ruso. El mandatario aseguró que la medida provocaría una caída rápida de los precios para los estadounidenses y otros consumidores internacionales.
Rusia confirmó el acuerdo. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó el 13 de octubre, según la agencia estatal TASS, que el suministro beneficiaría a Rusia, Estados Unidos y los mercados energéticos mundiales.
No obstante, los especialistas consultados por DW consideran que el impacto sobre los precios será limitado. Aunque el combustible ruso contribuya a aumentar la oferta disponible, esa aportación difícilmente compensará por sí sola las interrupciones de producción y distribución que afectan al mercado internacional.
Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), el precio del diésel estadounidense había aumentado alrededor de un 60 % durante los doce meses considerados en el informe, hasta situarse en unos 6.30 dólares por galón, equivalentes a aproximadamente 1.49 euros por litro.
La evolución de estos precios dependerá de varios factores, entre ellos la duración de los conflictos, la recuperación de las refinerías y la seguridad de las rutas marítimas. Por ello, un acuerdo de suministro puede aliviar ciertas presiones, pero no necesariamente revertir una tendencia alcista originada por múltiples causas.
Estados Unidos lidera las exportaciones mundiales de diésel
El mercado internacional también ha cambiado de manera significativa desde la invasión rusa de Ucrania y la imposición de sanciones occidentales. Rusia dejó de ocupar el primer puesto entre los exportadores mundiales de diésel, mientras que Estados Unidos se convirtió en el principal proveedor internacional.
De acuerdo con las cifras de 2025 citadas por DW, Estados Unidos exportó un promedio de 1.264 millones de barriles diarios, equivalentes aproximadamente al 15.4 % de las exportaciones mundiales de diésel. Rusia ocupó el segundo lugar, con una participación del 9.5 %.
Este liderazgo permite a las refinerías estadounidenses beneficiarse de las ventas internacionales, pero no significa que el mercado interno esté aislado de las fluctuaciones globales. Los precios nacionales también están vinculados a la oferta y la demanda, los costos de producción y las oportunidades de exportación.
Una de las alternativas planteadas en el debate político ha sido limitar las exportaciones para aumentar la disponibilidad de combustible dentro de Estados Unidos. Sin embargo, los economistas advierten que esa medida podría producir consecuencias contrarias a las esperadas.
Carsten Brzeski, economista jefe de ING, explicó que una prohibición de exportaciones no elimina la escasez, sino que la redistribuye. Si las refinerías pierden incentivos para producir debido a una reducción de sus márgenes, podrían disminuir su actividad y contribuir a elevar nuevamente los precios.
Samina Sultan también advirtió que las restricciones exportadoras podrían provocar un aumento del precio del diésel en el mercado estadounidense. La especialista señaló que la limitada capacidad de almacenamiento obliga a ajustar la producción cuando no existen suficientes compradores o instalaciones para conservar el combustible.
Las consecuencias también alcanzarían a los socios comerciales de Estados Unidos, especialmente en América Latina y la Unión Europea, que dependen en distinta medida de las importaciones estadounidenses.
Desde el inicio de la guerra rusa contra Ucrania, la Unión Europea ha sustituido parte del diésel que compraba a Rusia por suministros procedentes de otros países, incluido Estados Unidos. Por ello, una reducción de las exportaciones estadounidenses podría generar nuevas presiones sobre los mercados europeos y latinoamericanos.
La situación demuestra que las decisiones energéticas de las principales economías tienen repercusiones mucho más allá de sus fronteras. Cuando un gran exportador limita sus ventas, los compradores deben buscar proveedores alternativos, lo que puede incrementar los costos y la competencia por los cargamentos disponibles.
El suministro ruso sería insuficiente para abaratar el diésel de forma significativa
Otro elemento que limita las expectativas sobre el acuerdo es la cantidad de combustible involucrada en comparación con el consumo estadounidense.
Según cálculos de la plataforma Our World in Data citados por DW, una entrega inmediata de 2.2 millones de barriles de diésel ruso no cubriría siquiera la demanda diaria de Estados Unidos, estimada en alrededor de cuatro millones de barriles.
Incluso si se sumaran todas las cantidades anunciadas por Trump, que alcanzarían los 35.8 millones de barriles, el volumen equivaldría aproximadamente a nueve días de consumo estadounidense.
El analista canadiense del mercado petrolero Rory Johnston calificó de insignificante el impacto potencial de esos suministros frente a las necesidades del país. También señaló que Rusia normalmente exportaría un volumen considerablemente mayor si sus refinerías no estuvieran afectadas por los ataques con drones ucranianos.
La comparación ayuda a entender por qué los anuncios de nuevos suministros no siempre se traducen en una reducción perceptible de los precios. En un mercado de gran escala, las cantidades adicionales deben ser suficientemente importantes y sostenidas para modificar de forma significativa el equilibrio entre oferta y demanda.
Estados Unidos también depende de Canadá para abastecer parte de sus necesidades. Según los datos citados por DW, alrededor del 80 % de las importaciones estadounidenses de diésel procede de su vecino del norte. Sin embargo, las tensiones comerciales y las diferencias políticas entre ambos gobiernos hacen incierto que Canadá esté dispuesto a aumentar sus suministros.
En definitiva, el acuerdo de Trump con Rusia no garantiza una reducción significativa del precio del diésel. Su efecto dependerá de la cantidad de combustible que llegue efectivamente al mercado, de la recuperación de la capacidad de refinación y de la evolución de los conflictos que afectan a las principales rutas energéticas.
Para los consumidores, la cuestión central sigue siendo el costo del combustible y su impacto sobre el transporte, la producción y los precios de otros bienes. Mientras persistan las dificultades logísticas y los riesgos geopolíticos, cualquier alivio derivado de nuevos acuerdos comerciales podría ser limitado y temporal.
Por: Noticonexion/efe/afp