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Comer alimentos grasos podría aumentar el riesgo de cáncer colorrectal

¿Sabía que una dieta rica en grasas podría modificar las bacterias del intestino y favorecer la producción de sustancias relacionadas con el crecimiento de tumores? Una nueva investigación aporta evidencia sobre este mecanismo y vuelve a poner bajo la lupa los efectos de la llamada dieta occidental, especialmente cuando combina un alto consumo de grasas con poca fibra.

El estudio, publicado en la revista Gut, encontró evidencia funcional de que determinadas bacterias intestinales pueden producir ácido desoxicólico (DCA), un ácido biliar secundario que, bajo condiciones dietéticas adversas, puede favorecer la proliferación de células del colon y aumentar la carga tumoral en modelos experimentales.

Investigadores de la Universidad Técnica de Múnich, la RWTH de Aquisgrán y el Instituto Alemán de Nutrición Humana Potsdam-Rehbrücke analizaron la relación entre alimentación, microbiota intestinal y cáncer colorrectal.

Los resultados son importantes porque van más allá de una simple asociación. El equipo encontró evidencia experimental que respalda un papel causal de determinados ácidos biliares secundarios producidos por bacterias intestinales en el desarrollo de tumores colorrectales bajo condiciones dietéticas desfavorables.

Esto no significa que comer un alimento graso ocasionalmente provoque cáncer. El riesgo del cáncer colorrectal depende de múltiples factores, entre ellos la genética, el estilo de vida y los patrones alimentarios mantenidos durante el tiempo.

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Cuando consumimos grasas, el hígado produce ácidos biliares primarios, necesarios para digerirlas y absorberlas. La mayoría se reutiliza, pero una pequeña cantidad llega al colon, donde determinadas bacterias pueden transformarlos en ácidos biliares secundarios, entre ellos el ácido desoxicólico (DCA).

El nuevo estudio encontró que una dieta occidental agravó las características del cáncer colorrectal en un modelo porcino y se relacionó con mayores niveles de DCA y una mayor proliferación de células del revestimiento intestinal.

Los investigadores también utilizaron modelos de ratón con comunidades bacterianas definidas. Al introducir determinadas bacterias capaces de producir DCA, observaron una mayor producción de este ácido y un incremento de la carga tumoral en modelos experimentales de cáncer de colon.

Además, el análisis de muestras humanas encontró con mayor frecuencia genes relacionados con la producción de estos ácidos biliares en personas con cáncer colorrectal. Este hallazgo refuerza la conexión entre microbiota intestinal, dieta y cáncer, aunque no permite concluir que una determinada bacteria por sí sola sea responsable de que una persona desarrolle la enfermedad.

La investigación resulta especialmente interesante porque muestra que lo que comemos puede modificar el entorno químico del intestino a través de las bacterias que viven allí. Y ese entorno puede influir en procesos como la proliferación celular, que adquiere importancia cuando existen otras condiciones que favorecen la aparición de tumores.

El cáncer colorrectal es una enfermedad compleja en la que intervienen factores genéticos, ambientales y relacionados con el estilo de vida. La evidencia acumulada apunta a que los patrones alimentarios y la microbiota intestinal pueden desempeñar un papel importante en su desarrollo.

Por eso, el mensaje que deja esta investigación no debería ser simplemente «evite toda la grasa», sino prestar atención a la calidad general de la alimentación. Una dieta equilibrada, con suficiente fibra y menor presencia de alimentos ultraprocesados y patrones alimentarios excesivamente ricos en grasas, forma parte de las recomendaciones generales para mantener una buena salud.

También es importante recordar que los experimentos que demostraron el mecanismo causal se realizaron principalmente en modelos animales y sistemas experimentales, mientras que los datos humanos incluidos en el estudio aportaron evidencia sobre la presencia de bacterias y genes relacionados con el metabolismo de los ácidos biliares. Por tanto, todavía se necesita investigación para determinar cómo traducir estos hallazgos en estrategias concretas de prevención para las personas.

El estudio abre, además, una posibilidad interesante para el futuro: intervenir sobre determinadas bacterias intestinales o sobre la producción de ácidos biliares secundarios podría convertirse en una estrategia complementaria para reducir el riesgo de cáncer colorrectal en personas seleccionadas. Los propios investigadores plantean que futuras intervenciones podrían dirigirse a estas bacterias y a su metabolismo.

En definitiva, la investigación aporta una pieza más al complejo rompecabezas del cáncer colorrectal. La alimentación no es el único factor que determina el riesgo, pero comprender cómo dieta y microbiota intestinal interactúan puede ayudar a desarrollar mejores estrategias de prevención y tratamiento.

Por: Noticonexion/efe/afp

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