En un mundo cada vez más dependiente de la tecnología, los microchips se han convertido en la piedra angular del poder económico y militar. Aunque Estados Unidos fue pionero en su invención, hoy el liderazgo en fabricación pertenece a Asia. Frente a este escenario, Donald Trump plantea una ofensiva ambiciosa para revertir décadas de desindustrialización. Sin embargo, ¿será suficiente su estrategia para recuperar la supremacía?
El largo retroceso que dejó la puerta abierta a Asia
Hace años, Estados Unidos dejó de ser protagonista en la fabricación de chips, una decisión que facilitó el ascenso de potencias asiáticas como China, Taiwán, Japón y Corea del Sur. Gina Raimondo, entonces Secretaria de Comercio estadounidense, ya advertía en 2021 que Washington había «renunciado a jugar el partido».

Hoy, cuatro años después, el sector de los semiconductores sigue siendo el principal escenario de la competencia entre Estados Unidos y China. Trump propone acelerar la producción nacional de chips, un proceso que Asia tardó décadas en perfeccionar, apostando a que políticas arancelarias devolverán la producción y los empleos al país.
Microchips: un secreto bien custodiado en Asia
Los semiconductores son esenciales para una inmensa variedad de dispositivos, desde teléfonos inteligentes hasta aviones militares. Aunque fueron inventados en Estados Unidos, la producción más sofisticada ocurre hoy en Asia, donde existe un ecosistema integrado que maximiza eficiencia y escala.
Fabricar chips es costoso y extremadamente complejo. Un solo iPhone puede requerir componentes diseñados en EE.UU., fabricados en Taiwán o Corea, empaquetados en Vietnam y ensamblados en China. Esta red internacional tardó décadas en consolidarse, con una integración que ahora es difícil de replicar.
Trump ha presionado a TSMC, el líder mundial en fabricación de chips, amenazándolo con aranceles del 100% si no instala plantas en suelo estadounidense. Sin embargo, construir fábricas de este tipo no es tan simple como levantar edificios: requiere años de ingeniería y miles de millones de dólares de inversión.
Incentivos millonarios para atraer a los gigantes de los chips
Al reconocer la importancia estratégica de los semiconductores, la administración de Joe Biden lanzó en 2022 la Ley de Chips y Ciencia, ofreciendo subsidios y créditos fiscales para fomentar la producción nacional. TSMC y Samsung, dos titanes asiáticos, se beneficiaron enormemente de esta política, recibiendo más de 12.000 millones de dólares en ayudas combinadas para sus proyectos en Arizona y Texas.

Aunque Trump promete inversiones aún mayores, la realidad muestra que estas empresas enfrentan serios obstáculos en suelo estadounidense: altos costos, escasez de mano de obra calificada, demoras en la construcción y conflictos con sindicatos.
Además, TSMC ha dejado claro que, pese a sus inversiones en EE.UU., su núcleo productivo seguirá en Taiwán, donde conserva su tecnología más avanzada.
La brecha tecnológica persiste pese a las inversiones
Las nuevas plantas de TSMC en Arizona producen chips de alta calidad, pero todavía están una generación por detrás de las fabricadas en Taiwán, según expertos como Chris Miller, autor de La guerra de los chips.
La cuestión no es solo construir fábricas, sino alcanzar una escala suficiente para competir con la capacidad instalada en Asia. Taiwán tardó décadas en lograr su dominio actual, y ni siquiera los billones de dólares garantizan resultados inmediatos.
Una de las grandes trabas para EE.UU. es su política migratoria. Las restricciones impulsadas por Trump limitan la llegada de talento extranjero altamente calificado, indispensable para el desarrollo de tecnologías de punta.
El efecto dominó de la guerra comercial
A pesar de estos desafíos, Trump ha intensificado su estrategia, impulsando investigaciones comerciales sobre el sector de los semiconductores y redoblando la presión arancelaria. Esta táctica, según analistas como Marc Einstein, podría alterar los planes de revitalización económica de países aliados como Japón.

A nivel global, se anticipa un replanteamiento estratégico donde más economías priorizarán la producción doméstica de chips, en lugar de depender de largas cadenas de suministro internacionales.
Huawei, por ejemplo, ha diversificado sus operaciones hacia mercados emergentes para esquivar las sanciones, y China apuesta por innovar en áreas clave como la inteligencia artificial para fortalecer su autosuficiencia tecnológica.
India se perfila como un nuevo jugador en el tablero
Mientras Estados Unidos enfrenta trabas internas, India emerge como un posible nuevo centro de producción de chips. Con mano de obra barata, buena educación técnica y cercanía geográfica a Asia, el país asiático podría integrarse más fácilmente a las cadenas globales.
Sin embargo, India también enfrenta desafíos críticos: la producción de chips demanda enormes cantidades de agua ultrapura y terrenos adecuados, elementos que no siempre son fáciles de conseguir.
La presión del mercado podría redibujar la estrategia
Los grandes fabricantes de chips no son completamente vulnerables a las decisiones políticas. Empresas como Apple, Microsoft y Cisco poseen suficiente peso como para influir en las políticas de Washington.
De hecho, el propio Trump ha mostrado flexibilidad en temas sensibles. La presión ejercida por Tim Cook, CEO de Apple, habría contribuido a la exención de ciertos aranceles sobre productos electrónicos. Algo similar ocurrió con Nvidia, cuya labor de cabildeo permitió flexibilizar restricciones para vender sus chips a China.
Una industria que no se construye en soledad
Según expertos, la verdadera batalla no consiste solo en construir fábricas, sino en replicar el ecosistema colaborativo que permitió a Asia dominar la industria de chips. Trump intenta imponer un modelo proteccionista, pero el éxito de Asia se basó en la apertura, la cooperación y la integración global.
Marc Einstein sostiene que la administración Trump busca presionar a gigantes como TSMC para forzar acuerdos de asociación con empresas estadounidenses como Intel, imitando el modelo aplicado al propietario de TikTok.
No obstante, reconstruir una industria de semiconductores avanzada exige décadas de inversión constante, innovación compartida y talento global. Y en ese aspecto, ni los subsidios millonarios ni los aranceles parecen suficientes por sí solos.
Por: Noticonexion/efe/afp