Salud en riesgo sobre rieles
El Metro de Santo Domingo, considerado el sistema de transporte más moderno del Gran Santo Domingo, oculta una realidad poco visible: el deterioro progresivo de la salud de quienes lo operan. Detrás de cada trayecto eficiente hay conductores que enfrentan diariamente condiciones físicas exigentes, muchas veces sin el reconocimiento que esto implica.
Mover hasta 300,000 pasajeros al día no solo representa un reto logístico, sino también un impacto directo en el bienestar de los trabajadores. Aunque el servicio se mantiene constante, los conductores aseguran que el costo en salud es alto y, en muchos casos, silencioso.
Lesiones que se repiten
Las principales afecciones reportadas son de tipo musculoesquelético, con especial incidencia en el hombro derecho. Testimonios de trabajadores revelan un patrón preocupante: hasta 8 de cada 10 conductores desarrollan molestias relacionadas con el manguito rotador o inflamaciones como la bursitis.
Este problema no surge de manera aislada, sino como resultado de movimientos repetitivos y posturas prolongadas que, con el tiempo, terminan afectando seriamente la salud. “Es un movimiento constante, todos los días, sin suficiente descanso. Con el tiempo, la lesión es casi segura”, relata un exempleado que prefirió mantener el anonimato.
Condiciones laborales que agravan el problema
Uno de los factores más señalados es el diseño de la cabina, que obliga a mantener una postura forzada del brazo para operar los controles. A esto se suman jornadas de hasta 8 horas consecutivas, con pausas limitadas y, en ocasiones, mal distribuidas.
La dinámica del sistema también influye. Con estaciones separadas aproximadamente por un kilómetro, los conductores deben ejecutar constantemente acciones de aceleración y frenado, lo que incrementa la carga física durante toda la jornada.
Además, la escasez de personal reduce las posibilidades de rotación y descanso, intensificando el desgaste físico y mental. Muchos trabajadores indican que, incluso cuando existen pausas establecidas, no siempre pueden tomarlas en el momento adecuado.
Falta de respuesta y riesgos futuros
El acceso a atención médica depende en gran medida de la iniciativa individual. Aunque el seguro cubre parte de los gastos, los empleados deben asumir costos adicionales, especialmente cuando las lesiones requieren procedimientos más complejos, como cirugías.
A esto se suma la falta de reconocimiento formal de estas afecciones como riesgos laborales, lo que limita cualquier tipo de compensación. El impacto tampoco es solo físico: varios trabajadores reportan altos niveles de estrés que han derivado en problemas emocionales.
Según testimonios, en 2022 se presentó documentación al Colegio Médico Dominicano con detalles sobre estas condiciones, pero los afectados aseguran que no se produjeron cambios significativos.
Sin medidas concretas como el rediseño de cabinas, la implementación de pausas activas, la rotación de tareas y el reconocimiento de estas enfermedades como parte del entorno laboral, el problema podría seguir afectando a nuevas generaciones de conductores.
Mientras tanto, la Empresa Metropolitana de Transporte ha indicado que evaluará la situación, aunque los trabajadores esperan que esta vez las acciones vayan más allá de las promesas.
Por; Noticonexion