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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario chino, Xi Jinping, podrían abordar el futuro de la guerra en Ucrania en un formato diplomático que genera interrogantes sobre el papel de Rusia, los intereses estratégicos de China y la participación de los países directamente afectados por el conflicto.
La iniciativa se enmarca en los esfuerzos de Washington por reactivar las negociaciones para poner fin a la guerra, mientras aumenta la presión sobre Kiev y sus aliados europeos y busca incentivos para que Moscú vuelva a la mesa de diálogo. Entre las medidas mencionadas figuran posibles flexibilizaciones de sanciones y acuerdos relacionados con las exportaciones rusas de diésel a Estados Unidos.
Sin embargo, el principal desafío es determinar si estas conversaciones pueden conducir a una paz sostenible sin la participación directa de Ucrania y de la Unión Europea. Aunque Rusia y China tienen intereses estratégicos compartidos, sus objetivos no son necesariamente idénticos y sus prioridades podrían influir de manera distinta en cualquier negociación.
Rusia busca negociar con Washington desde una posición de igualdad
El Kremlin ha mostrado interés en mantener conversaciones con representantes estadounidenses, aunque no ha dado señales concluyentes de estar dispuesto a aceptar un acuerdo de paz en los términos que buscan Kiev y sus aliados occidentales.
Tras los contactos entre el enviado estadounidense Steve Witkoff y el presidente ruso, Vladimir Putin, el asesor del Kremlin Yuri Ushakov señaló que las conversaciones podrían reanudarse y que una nueva ronda podría celebrarse en Abu Dabi. Según la información difundida sobre esos contactos, las discusiones incluirían cuestiones relacionadas con la seguridad de Rusia y Ucrania después del conflicto.
El Kremlin también habría compartido ideas sobre una posible cumbre entre Trump y Xi Jinping. Para Moscú, la participación de China podría servir para reforzar la imagen de Rusia como una potencia con capacidad de influir en las decisiones internacionales.
El investigador Temur Umarov, especialista en las relaciones entre Rusia y China en el Centro Carnegie para Rusia y Eurasia de Berlín, considera que Moscú busca ser tratado como un interlocutor de igual nivel por Washington. A su juicio, el formato propuesto podría permitir al Kremlin impulsar sus intereses sin que Ucrania tenga necesariamente el mismo peso en las conversaciones iniciales.
Desde la perspectiva rusa, un entendimiento con Trump podría aumentar la presión sobre Kiev y los gobiernos europeos para que acepten determinadas condiciones. No obstante, negociar entre grandes potencias no garantiza que Ucrania acepte un eventual acuerdo ni que este pueda aplicarse sobre el terreno.
La cuestión central es que cualquier solución duradera deberá abordar las condiciones de seguridad, la soberanía ucraniana y las garantías que impidan una nueva escalada militar.
China podría obtener ventajas estratégicas sin asumir el costo de mediar
La posible participación de Xi Jinping plantea una pregunta fundamental: ¿está China dispuesta a asumir un papel activo en la resolución de la guerra o busca aprovechar las conversaciones para fortalecer su posición internacional?
Umarov considera que Pekín podría desempeñar un papel principalmente simbólico, sin comprometerse a garantizar el resultado de las negociaciones. La presencia china permitiría mostrar una coordinación entre las principales potencias, pero no obligaría necesariamente al Gobierno de Xi a asumir responsabilidades directas sobre el futuro de Ucrania.
Una interpretación diferente ofrece Yurii Poita, investigador asociado sénior del Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS). Según su análisis, Rusia y China comparten intereses estratégicos relacionados con la transformación del orden de seguridad en Eurasia y la reducción de la influencia militar occidental.
Desde esta perspectiva, Moscú y Pekín podrían beneficiarse si Estados Unidos redujera su presencia militar en Europa o limitara la asistencia militar a Ucrania. Un cambio de ese tipo también podría generar dudas entre los gobiernos europeos sobre la solidez del compromiso estadounidense con sus aliados de la OTAN.
Sin embargo, los intereses de China no se limitan a la confrontación con Occidente. Pekín también tiene razones económicas y diplomáticas para evitar una mayor desestabilización regional y mantener relaciones comerciales con Ucrania y otros países europeos.
Por eso, la participación china podría responder a varios objetivos simultáneos: preservar su relación estratégica con Rusia, mantener canales de diálogo con Washington y evitar asumir compromisos que limiten su margen de maniobra.
La relación entre Xi y Putin condiciona las posibilidades de una paz en Ucrania

El papel de China también está relacionado con el futuro político de Vladimir Putin y con las ventajas que Pekín obtiene de su asociación con Moscú.
Michael Kimmage, director del Instituto Kennan de Estados Unidos, considera que China podría dar prioridad a la continuidad del liderazgo ruso antes que a una resolución inmediata del conflicto. Según su análisis, Rusia proporciona a Pekín energía a precios competitivos y un socio internacional que coincide con muchos de sus objetivos geopolíticos.
Desde esa perspectiva, China podría preferir evitar una derrota rusa, aunque eso no significa necesariamente que busque una victoria militar absoluta de Moscú. Kimmage tampoco espera que Pekín ejerza una presión decisiva sobre Putin para terminar la guerra si el mandatario ruso considera que todavía puede obtener ventajas.
Aun así, el respaldo estratégico chino no determina por sí solo el desenlace del conflicto. La capacidad de resistencia de Ucrania, las decisiones militares sobre el terreno y las posiciones de los gobiernos europeos seguirán siendo factores decisivos.
Temur Umarov subraya precisamente que Ucrania conserva capacidad de decisión propia y que ni Washington ni otras potencias pueden determinar completamente el resultado de la guerra mediante negociaciones diplomáticas.
En definitiva, una eventual conversación entre Trump y Xi Jinping podría abrir un nuevo canal de diálogo sobre Ucrania, pero también pondría a prueba los límites de la cooperación entre Estados Unidos, China y Rusia. El desafío será comprobar si las conversaciones buscan una solución que contemple los intereses y la seguridad de los países afectados o si terminan convirtiéndose en un instrumento de competencia entre grandes potencias.
La participación directa de Kiev y la consideración de las preocupaciones de seguridad europeas serán elementos fundamentales para valorar la viabilidad de cualquier acuerdo y sus posibilidades de producir una paz estable.
Por: Noticonexion/efe/afp