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Casi un tercio de los ucranianos presenta síntomas de estrés postraumático por la guerra con Rusia

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La guerra entre Rusia y Ucrania, que se prolonga desde hace más de cuatro años, está dejando consecuencias que van mucho más allá de las pérdidas humanas y la destrucción material. Los bombardeos, el desplazamiento forzado, la separación de familias y la incertidumbre constante están afectando profundamente la salud mental de millones de personas.

Una investigación realizada por la red internacional Cooperación y Conflicto en Europa del Este (KonKoop) reveló que el 31,2 % de la población ucraniana estudiada cumple criterios compatibles con el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o con su forma compleja, una condición que puede provocar dificultades persistentes para afrontar la vida cotidiana.

El estudio se basó en entrevistas a más de 2.500 ucranianos residentes en territorios bajo control del Gobierno de Kiev o recuperados por este. La investigación fue financiada por el Ministerio alemán de Investigación y Tecnología y publicada en la Revista Europea de Psicotraumatología.

Los resultados reflejan la dimensión humana de un conflicto que no solo destruye viviendas e infraestructuras, sino que también puede dejar heridas psicológicas difíciles de identificar y tratar. La recuperación, por tanto, exige prestar atención tanto a las necesidades físicas como al bienestar emocional de quienes han vivido durante años bajo la amenaza de la violencia.

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De acuerdo con los investigadores, más del 90 % de los participantes afirmó haber experimentado al menos un acontecimiento traumático durante la edad adulta. Muchas de esas experiencias estuvieron relacionadas con la guerra, aunque los especialistas advierten que no es posible atribuir todos los casos de estrés postraumático exclusivamente a la invasión rusa.

Entre los encuestados, aproximadamente la mitad tenía un familiar que prestaba servicio en el frente, más del 70 % había experimentado bombardeos en su zona residencial y el 65 % había presenciado destrucción relacionada con el conflicto.

Estas cifras muestran que los efectos de la guerra se extienden mucho más allá de las personas que participan directamente en los combates. Los civiles que permanecen en sus hogares, quienes han perdido a seres queridos y las familias obligadas a abandonar sus comunidades también afrontan situaciones capaces de afectar su estabilidad emocional.

La directora del estudio, Deirdre MacManus, profesora de Psiquiatría Forense en el King’s College de Londres, destacó la magnitud de la traumatización identificada entre los participantes.

Por su parte, Emma Facer-Irwin, psicóloga clínica e investigadora especializada en trauma y estrés postraumático, explicó que la exposición repetida a acontecimientos traumáticos puede incrementar la probabilidad de desarrollar estos trastornos.

El TEPT puede aparecer después de experimentar o presenciar situaciones que amenazan la vida o la integridad física. Entre sus manifestaciones figuran los recuerdos intrusivos, las pesadillas, la ansiedad persistente, la irritabilidad y las alteraciones del sueño. Algunas personas también evitan lugares, conversaciones o situaciones que les recuerdan lo sucedido.

No obstante, es importante distinguir entre haber vivido una experiencia traumática y desarrollar un trastorno clínico. No todas las personas expuestas a la violencia presentan TEPT, y la encuesta recoge síntomas y criterios diagnósticos que deben interpretarse teniendo en cuenta las características y limitaciones de la investigación.

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A pesar de los bombardeos, las pérdidas y la incertidumbre, muchos ucranianos continúan trabajando, cuidando a sus familias y adaptándose a condiciones extremadamente difíciles. Los especialistas señalan que los vínculos sociales, la solidaridad comunitaria y la sensación de pertenencia pueden contribuir a afrontar las consecuencias psicológicas de la guerra.

La conexión con familiares, amigos y comunidades de apoyo puede ayudar a reducir el aislamiento y facilitar que las personas busquen asistencia cuando la necesitan. Sin embargo, estas redes no sustituyen el tratamiento profesional cuando los síntomas son intensos o persistentes.

La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja en la atención psicosocial de personas afectadas por el conflicto. En un centro de rehabilitación de la ciudad de Vinnytsia, los especialistas ayudan a los pacientes a recuperar la estabilidad emocional, identificar recursos personales y desarrollar herramientas para afrontar situaciones difíciles.

Según Ruslana Lutsyk-Andrushko, consejera psicosocial de la organización, el proceso incluye una fase inicial de estabilización, el fortalecimiento de los recursos personales y el trabajo para integrar las experiencias vividas.

Estas intervenciones buscan desarrollar la resiliencia, es decir, la capacidad de afrontar la adversidad y reconstruir progresivamente la vida después de una experiencia traumática. También pueden enseñar estrategias de autoayuda que los pacientes utilicen para manejar momentos de angustia y apoyar a sus seres queridos.

La magnitud de los resultados de la investigación plantea, además, la necesidad de ampliar los servicios de salud mental más allá de los centros especializados. La atención psicológica accesible, el acompañamiento comunitario y la identificación temprana de los síntomas pueden resultar fundamentales para quienes no han recibido tratamiento.

El desafío consiste en garantizar que estas ayudas lleguen no solo a los militares y a las personas desplazadas, sino también a los civiles que continúan viviendo en sus comunidades y que soportan las consecuencias cotidianas de la guerra.

Los investigadores advierten que todavía no es posible medir completamente el impacto de la guerra sobre la salud mental de la población ucraniana. Mientras continúen los ataques y la amenaza de nuevos desplazamientos, muchas personas seguirán expuestas a situaciones de estrés que dificultan su recuperación.

La falta de seguridad, las dificultades económicas, la separación familiar y la incertidumbre sobre el futuro pueden agravar el sufrimiento emocional. En estas condiciones, recuperar una sensación de estabilidad resulta más complicado, incluso para quienes cuentan con apoyo familiar y comunitario.

La investigación constituye una fotografía de la situación de los participantes en el momento en que fueron entrevistados. Por ello, sus resultados no deben interpretarse como una medición definitiva de toda la población ucraniana ni como una estimación invariable de los efectos futuros del conflicto.

Los especialistas consideran que parte de las consecuencias a largo plazo solo podrá evaluarse cuando las personas dispongan de condiciones más seguras para reconstruir sus vidas y acceder a procesos sostenidos de recuperación.

El caso de Ucrania también pone de relieve una realidad que afecta a las sociedades que atraviesan guerras prolongadas: las heridas psicológicas pueden persistir mucho después de que desaparezcan los daños visibles. Por eso, la reconstrucción de un país no depende únicamente de reparar edificios, restablecer servicios y recuperar la economía, sino también de atender las necesidades emocionales de sus habitantes.

Garantizar atención psicológica, fortalecer las redes de apoyo y reducir las barreras para recibir tratamiento será esencial para ayudar a las personas afectadas a recuperar su bienestar y reconstruir sus proyectos de vida.

Por: Noticonexion/efe/afp

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