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México cierra seis lagos en Yucatán tras muerte por ameba comecerebros: cómo prevenir una infección mortal

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Las autoridades del estado de Yucatán, México, ordenaron el cierre de seis lagos tras detectar la presencia de Naegleria fowleri, conocida popularmente como la ameba comecerebros, luego de que un hombre de 34 años falleciera por una infección parasitaria que le provocó una grave inflamación cerebral. El caso ha encendido las alertas sobre los riesgos de entrar en contacto con aguas dulces cálidas que puedan estar contaminadas.

Aunque se trata de una infección extremadamente poco frecuente, su elevada tasa de mortalidad la convierte en un problema de salud pública que requiere atención. La prevención resulta fundamental, especialmente en lugares donde las temperaturas elevadas favorecen la proliferación de microorganismos en lagos, ríos y otras fuentes de agua dulce.

El fallecimiento también vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la vigilancia sanitaria de los espacios recreativos naturales. Sin embargo, conviene mantener la perspectiva: la ameba no representa un riesgo generalizado para quienes utilizan el agua y, a diferencia de muchas otras infecciones, no se contrae normalmente al beber agua contaminada ni se transmite de persona a persona.

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La «Naegleri fowleri» es termófila, es decir, le gusta el calor. El calentamiento global podría acelerar su propagación

La Naegleria fowleri es un organismo microscópico que se encuentra principalmente en aguas dulces cálidas y suelos húmedos. Puede estar presente en lagos, ríos, manantiales y otras fuentes de agua dulce, sobre todo en regiones tropicales y subtropicales. También puede desarrollarse en determinadas instalaciones acuáticas cuando las condiciones de temperatura y desinfección son favorables.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), esta ameba crece mejor a temperaturas elevadas, alrededor de los 46 grados Celsius, aunque puede encontrarse en aguas menos calientes. El aumento de las temperaturas ambientales podría ampliar las zonas en las que logra sobrevivir, lo que refuerza la necesidad de mantener controles sanitarios adecuados.

La infección ocurre cuando el agua contaminada entra por la nariz, por ejemplo, al nadar, bucear o realizar actividades acuáticas. Desde allí, el microorganismo puede desplazarse a través del nervio olfatorio hasta el cerebro y desencadenar una enfermedad conocida como meningoencefalitis amebiana primaria (MAP).

El riesgo es muy bajo, pero las consecuencias pueden ser devastadoras. Los CDC han señalado que casi todos los casos conocidos han terminado en fallecimiento. Por eso, cuando las autoridades detectan indicios de contaminación, las medidas preventivas, como restringir temporalmente el acceso a determinados cuerpos de agua, pueden ser esenciales para evitar nuevas exposiciones.

Los síntomas de la meningoencefalitis amebiana primaria suelen aparecer entre uno y doce días después de la exposición, aunque el período puede variar. Al principio, la enfermedad puede manifestarse con dolor de cabeza intenso, fiebre, náuseas y vómitos, síntomas que pueden confundirse con los de otras afecciones.

A medida que progresa, pueden presentarse rigidez en el cuello, confusión, alteraciones del equilibrio, convulsiones y pérdida del conocimiento. La infección avanza rápidamente y puede provocar daños graves en el tejido cerebral, por lo que la atención médica inmediata es determinante.

Si una persona desarrolla dolor de cabeza intenso, fiebre, rigidez en el cuello o vómitos después de nadar o bucear en agua dulce, debe acudir urgentemente a un servicio de salud e informar sobre la exposición al agua. No es necesario esperar a que aparezcan todos los síntomas para buscar asistencia.

El diagnóstico puede resultar complicado debido a la rareza de la enfermedad y a la rapidez con la que evoluciona. El tratamiento requiere atención especializada y una combinación de medicamentos que puede incluir anfotericina B, miltefosina y otros fármacos, según el criterio del equipo médico. Aunque se han documentado supervivientes, el pronóstico continúa siendo grave y no existe una garantía de recuperación.

Por esta razón, la detección temprana y la comunicación de antecedentes de exposición a aguas dulces cálidas pueden ayudar a los profesionales sanitarios a considerar esta infección entre las posibles causas de los síntomas.

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La principal medida preventiva consiste en evitar que el agua potencialmente contaminada entre por la nariz. A diferencia de otras enfermedades transmitidas por el agua, beber agua que contenga la ameba no suele causar esta infección, porque el microorganismo debe ingresar por las vías nasales para llegar al cerebro.

Entre las recomendaciones más importantes se encuentran las siguientes:

  • Evitar nadar o bucear en lagos y aguas dulces cálidas cuando exista una alerta sanitaria o se desconozca la calidad del agua.
  • No sumergir la cabeza en aguas dulces de temperatura elevada y poco movimiento, especialmente durante períodos de mucho calor.
  • Utilizar pinzas nasales al practicar actividades acuáticas en lugares donde exista riesgo de exposición.
  • Evitar remover los sedimentos del fondo, ya que la ameba puede encontrarse en el suelo.
  • Para lavados nasales o irrigaciones, utilizar exclusivamente agua destilada, estéril o previamente hervida y enfriada de manera segura. No utilizar directamente agua del grifo sin el tratamiento indicado para este procedimiento.
  • Respetar las prohibiciones de baño y las advertencias emitidas por las autoridades sanitarias.

También es importante recordar que no se debe asumir que un lago es seguro únicamente porque el agua parece limpia. La presencia de este microorganismo no puede determinarse a simple vista, y la vigilancia de los cuerpos de agua requiere controles especializados.

El cambio climático y el incremento de las temperaturas pueden contribuir a que las condiciones favorables para la Naegleria fowleri aparezcan en nuevas zonas. No obstante, la ameba sigue siendo una causa excepcional de enfermedad. En Estados Unidos, los casos registrados durante décadas han sido muy pocos en comparación con otras amenazas relacionadas con el agua, como los ahogamientos.

El cierre de los seis lagos en Yucatán subraya la importancia de actuar con prudencia ante las alertas oficiales. La mejor respuesta no es caer en el pánico, sino informarse, respetar las restricciones sanitarias y adoptar medidas sencillas para evitar que el agua entre por la nariz.

Por: Noticonexion/efe/afp

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