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República Dominicana lidera el crecimiento económico de América Latina junto a Paraguay con un 4.7% en 2026

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La República Dominicana se posiciona, junto con Paraguay, entre las economías de mayor crecimiento de América Latina y el Caribe en 2026, con una expansión proyectada del 4.7% del producto interno bruto (PIB), por encima del promedio regional estimado en 2.2%, según el informe Panorama Económico de América Latina y el Caribe, publicado en octubre de 2026 por el Grupo Banco Mundial, con datos de referencia al 23 de septiembre.

Este desempeño coloca a la economía dominicana en una posición destacada dentro del escenario regional, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre económica, las tensiones comerciales y las diferencias en el ritmo de recuperación de los países.

El crecimiento del país responde a una combinación de factores, entre ellos la estabilidad macroeconómica, las políticas monetarias, la inversión y la diversificación de las actividades productivas. A estos elementos se suman el turismo, la manufactura de zonas francas, la minería y los servicios logísticos, sectores que contribuyen a generar empleos, atraer capitales y fortalecer los ingresos de divisas.

Sin embargo, mantener este ritmo de expansión representa un desafío. El crecimiento económico debe traducirse en mejoras sostenibles de los ingresos familiares, la productividad y la calidad de vida, además de generar oportunidades para los sectores que todavía enfrentan dificultades para incorporarse plenamente a la economía formal.

De acuerdo con las proyecciones del Banco Mundial, América Latina y el Caribe crecerá aproximadamente un 2.2% en 2026, por debajo del 2.4% registrado en 2025. Este comportamiento refleja cierta capacidad de resistencia frente a las turbulencias internacionales, aunque también evidencia importantes diferencias entre las economías de la región.

Además de República Dominicana y Paraguay, entre los países con perspectivas favorables figuran Panamá, con un crecimiento estimado del 4.2%; Nicaragua, con 3.6%; Honduras, con 3.4%; y Perú, con 3.2%.

En contraste, las proyecciones sitúan a México en 1.4%, Brasil en 2.1%, Uruguay en 1.2% y Chile en 0.8%. Haití, Jamaica y Trinidad y Tobago aparecen con tasas negativas de -1.5%, -0.8% y -0.2%, respectivamente.

Guyana constituye un caso excepcional debido al impulso de la producción petrolera. Las estimaciones citadas en el informe sitúan su crecimiento en niveles extraordinariamente elevados, aunque las proyecciones varían según la institución y la metodología utilizada.

El Banco Mundial destaca que el desempeño de República Dominicana, Paraguay, Panamá y El Salvador responde, en buena medida, a decisiones de política económica orientadas a fortalecer los fundamentos macroeconómicos.

En el caso dominicano, el economista jefe del organismo, Carlos Rodríguez-Castelán, señaló en declaraciones a la agencia EFE que las reformas fiscales han contribuido a impulsar sectores como la manufactura, el turismo y la minería.

Para 2027, el Banco Mundial proyecta un crecimiento del 4.4% para República Dominicana, lo que mantendría al país entre las economías de mejor desempeño de la región.

El Banco Central de la República Dominicana también identifica cuatro grandes fuentes de generación de divisas: turismo, remesas, exportaciones e inversión extranjera directa. Las proyecciones citadas para 2026 sitúan los ingresos turísticos por encima de US$12,200 millones, las remesas en torno a US$12,600 millones, las exportaciones totales por encima de US$17,200 millones y la inversión extranjera directa sobre US$5,300 millones.

En conjunto, estos flujos representarían ingresos superiores a US$50,700 millones, de acuerdo con las estimaciones presentadas en la información de referencia.

La estabilidad de los precios y la disponibilidad de reservas internacionales figuran entre los elementos que respaldan las perspectivas de la economía dominicana. Según los datos citados, la inflación se ha mantenido dentro del rango meta del Banco Central, establecido en 4% más o menos un punto porcentual, durante 35 meses, pese a episodios de presión sobre los precios.

Asimismo, las reservas internacionales se sitúan en torno a US$15,239 millones, equivalentes a aproximadamente 5.4 meses de importaciones, de acuerdo con las cifras proporcionadas.

Estos indicadores contribuyen a fortalecer la capacidad del país para enfrentar perturbaciones externas y respaldar la estabilidad del mercado cambiario. No obstante, su evolución debe analizarse junto con otros factores, como el costo del financiamiento, el empleo, la inflación de los alimentos y el poder adquisitivo de los hogares.

La trayectoria histórica también ayuda a explicar la posición dominicana. Entre 1972 y 2022, el país registró un crecimiento económico promedio anual de 4.9%, una de las tasas más elevadas de América Latina durante ese período, según datos del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial citados en la información de referencia.

Para 2026, las estimaciones sitúan el producto interno bruto nominal dominicano en aproximadamente US$136,150 millones, lo que consolidaría al país entre las economías de mayor tamaño de América Latina y el Caribe.

En el primer trimestre de 2026, el consumo privado habría aumentado un 2.9%, mientras que la formación bruta de capital fijo creció un 7.9%, impulsada principalmente por la construcción, según las cifras atribuidas al Banco Central.

Aun así, el crecimiento sostenido requiere más que estabilidad monetaria e inversión. El economista Raúl Féliz había advertido en 2024, durante el Foro Económico elDinero, sobre la necesidad de fortalecer la innovación y la competitividad para evitar que la expansión dependa excesivamente de la acumulación de capital.

Esta observación pone sobre la mesa un desafío importante: aumentar la productividad mediante la capacitación laboral, la incorporación de nuevas tecnologías, el fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas y la mejora de la infraestructura.

Aunque República Dominicana figura entre las economías con mejores perspectivas, el Banco Mundial advierte que sostener el crecimiento exige elevar la productividad, reducir la informalidad y aumentar la inversión en infraestructura y capital humano.

Estas prioridades resultan fundamentales para que el dinamismo económico se traduzca en empleos de mayor calidad, mejores salarios y oportunidades más amplias para la población. También son necesarias para fortalecer la competitividad de las empresas dominicanas frente a otros mercados.

El panorama regional muestra contrastes significativos. Paraguay, con una proyección de crecimiento del 4.7% en 2026 y del 4.1% en 2027, se beneficia de actividades como la agricultura, la energía y los servicios.

Perú, por su parte, presenta perspectivas de expansión del 3.2% en 2026 y del 3.0% en 2027, apoyadas en la minería y el consumo privado. Honduras, con un crecimiento previsto del 3.4% en 2026 y del 3.7% en 2027, enfrenta riesgos relacionados con la evolución de las remesas, los precios del petróleo y los efectos de fenómenos climáticos.

México aparece entre las economías con menor dinamismo, con proyecciones del 1.4% para 2026 y del 1.8% para 2027, en un contexto de incertidumbre económica y condiciones financieras restrictivas.

En el Caribe, las perspectivas son desiguales. Jamaica pasaría de una contracción estimada del 0.8% en 2026 a un crecimiento del 3.0% en 2027, mientras que Trinidad y Tobago avanzaría desde -0.2% hasta 2.5%. Haití continuaría enfrentando graves dificultades, con una contracción prevista del 1.5% en 2026 y una expansión de apenas el 0.2% en 2027.

En este contexto, el desempeño dominicano representa una ventaja regional, pero también plantea la responsabilidad de consolidar los resultados y reducir las vulnerabilidades económicas y sociales.

El principal reto para República Dominicana será convertir el crecimiento del PIB en bienestar sostenible. Para lograrlo, será necesario impulsar la innovación, mejorar la educación y la formación técnica, ampliar la infraestructura, fortalecer la formalización laboral y garantizar que los beneficios de la expansión económica alcancen a un mayor número de hogares.

De esta manera, el liderazgo proyectado para 2026 no solo podrá medirse por el porcentaje de crecimiento, sino también por la capacidad del país para generar oportunidades, elevar la productividad y mejorar las condiciones de vida de su población.

Por: Noticonexion

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